Eclesiastés
Capítulos 2:9-15
La Palabra Versión Hispanoamericana
9Prosperé y superé a todos mis predecesores en Jerusalén, mientras la sabiduría me asistía.
10No negué a mis ojos nada de cuanto deseaban, ni me privé de alegría alguna, pues disfrutaba de todos mis afanes, y esa era la recompensa de todas mis fatigas.
11Entonces reflexioné sobre todas mis obras y sobre la fatiga que me habían costado, y concluí que todo era ilusión y vano afán, pues no se saca ninguna ganancia bajo el sol.
12Volví a reflexionar sobre la sabiduría, la insensatez y la necedad, pues ¿qué puede hacer el sucesor del rey? Repetir lo ya hecho.
13Y observé que la sabiduría era más provechosa que la necedad, como la luz es más provechosa que la oscuridad.
14El sabio tiene los ojos abiertosy el necio camina a oscuras.Pero yo también sé que un mismo destino aguarda a ambos.
15Y entonces me dije: si el destino del necio será mi destino, ¿de qué me sirve haber sido más sabio? Y pensé que también esto era ilusión,