Eclesiastés
Capítulos 4
Dios Habla Hoy con Deuterocanónicos
1Dirigí luego mi atención a los actos de opresión que se cometen en este mundo. Y vi que los oprimidos lloran, pero no hay quien los consuele; sus opresores les hacen violencia, pero no hay quien los consuele.
2Por eso consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven;
3aunque en mejores condiciones que estos dos están los que aún no han nacido, pues todavía no han visto la maldad que se comete en este mundo.
4Vi también que el mucho trabajar y el éxito en una empresa provocan la envidia de unos contra otros, y esto también es vana ilusión y querer atrapar el viento.
5La gente dice: «El necio se cruza de brazos y se destruye a sí mismo.»
6Pero yo digo: «Más vale un puñado de descanso que dos de fatiga por querer atrapar el viento.»
7Al volverme hacia otro lado, vi otra vana ilusión en este mundo:
8un hombre solo, sin amigos ni hijos ni hermanos, que jamás se toma un momento de descanso y que nunca se cansa de contemplar sus riquezas, ni se pregunta: «¿Y para quién trabajo tanto? ¿Para qué me niego el bienestar?» Pues también esto es vana ilusión y una pesada carga.