Eclesiastés

Capítulos 4

Reina-Valera 1909

1Y me volví y vi todas las opresiones que se hacen debajo del sol: y he aquí, las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consolara; y el poder estaba en manos de sus opresores, y para ellos no había consolador. 2Y alabé yo a los finados, los que ya habían muerto, más que a los vivientes, los que hasta ahora viven. 3Y mejor que unos y otros es el que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol. 4Y he visto asimismo que todo trabajo y toda obra bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. 5El necio se cruza de manos y devora su propia carne. 6Más vale una mano llena de descanso que ambas manos llenas de trabajo y aflicción de espíritu. 7Entonces me volví y vi vanidad debajo del sol. 8Está un hombre solo y sin nadie, que no tiene ni hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de riquezas ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo y privo a mi alma del bien? También esto es vanidad y duro trabajo. 9Mejor son dos que uno, porque tienen mejor paga por su trabajo. 10Porque si caen, el uno levantará a su compañero, pero, ¡ay del que está solo!, porque cuando caiga no habrá otro que lo levante. 11También si dos duermen juntos, se calentarán mutuamente; pero, ¿cómo se calentará uno solo? 12Y si alguno prevalece contra el que está solo, dos estarán contra él, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto. 13Mejor es el muchacho pobre y sabio que el rey viejo y necio que rehúsa ser aconsejado. 14Porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre. 15Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor que estará en lugar de aquél. 16No tenía fin todo el pueblo que lo seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos con él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.