1 Corintios
Capítulos 11
Reina-Valera 1909
1Sed imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo.
2Y os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las enseñé.
3Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios, la cabeza de Cristo.
4Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza.
5Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza, porque lo mismo es que si se hubiese rapado.
6Porque si la mujer no se cubre la cabeza, córtese también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, cúbrase.
7Porque el varón no ha de cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón,
8porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,
9Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
10Por lo cual, la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.
11Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón.
12Porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.
13Juzgad vosotros mismos: ¿Es apropiado que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?
14La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?
15Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso, porque en lugar de velo le es dado el cabello.
16Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
17Pero en esto que os anuncio, no os alabo, porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
18Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo.
19Porque es preciso que entre vosotros haya herejías, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
20Cuando, pues, os reunís en común, esto no es comer la cena del Señor.
21Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
24y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
25Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí.
26Porque todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
28Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí.
30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen.
31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.
32Pero siendo juzgados, somos disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.
34Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando llegue.