Marcos
Capítulos 13
Reina-Valera 1909
1Y al salir Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios!
2Y Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
3Y sentándose en el monte de los Olivos, frente al templo, le preguntaron aparte Pedro, y Jacobo, y Juan y Andrés:
4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?
5Y Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe,
6porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.
7Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que así suceda; pero aún no será el fin.
8Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán éstos.
9Pero vosotros mirad por vosotros mismos, porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas seréis azotados; y delante de gobernantes y de reyes seréis llamados por causa de mí, para testimonio a ellos.
10Y es necesario que primero el evangelio sea predicado a todas las naciones.
11Y cuando os traigan para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis; sino lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad, porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
12Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres y los matarán.
13Y seréis aborrecidos por todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
14Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes;
15y el que esté sobre la azotea no descienda a la casa ni entre para tomar algo de su casa;
16y el que esté en el campo no vuelva atrás a tomar su capa.
17Mas, ¡ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!
18Orad, pues, que no acontezca vuestra huida en invierno.
19Porque aquellos días serán de aflicción cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios hizo, hasta este tiempo, ni la habrá.
20Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, ninguna carne se salvaría; pero por causa de los elegidos que él escogió, acortó aquellos días.
21Y entonces, si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; o, he aquí, allí está, no le creáis.
22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, de ser posible, aun a los escogidos.
23Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo de antemano.
24Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor;
25y las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los cielos serán sacudidos;
26y entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.
27Y entonces enviará sus ángeles y reunirá a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28De la higuera aprended la parábola: Cuando su rama ya está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
29Así también vosotros, cuando veáis suceder estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.
30De cierto os digo que no pasará esta generación sin que todas estas cosas sucedan.
31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
33Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.
34Es como el hombre que, yéndose lejos, dejó su casa y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su tarea, y al portero mandó que velase.
35Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo o a la mañana;
36para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.
37Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.