Salmos
Capítulos 102
Reina Valera Gómez
1«Oración del afligido, cuando está angustiado, y delante de Jehová derrama su lamento» Oh Jehová, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.
2No escondas de mí tu rostro; en el día de mi angustia inclina a mí tu oído; en el día que te invocare, apresúrate a responderme.
3Porque mis días se han consumido como humo; y mis huesos cual tizón están quemados.
4Mi corazón está herido, y secó como la hierba; por lo cual me olvido de comer mi pan.
5Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.
6Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades.
7Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.
8Cada día me afrentan mis enemigos; los que contra mí se enfurecen se han conjurado contra mí.
9Por lo cual he comido ceniza a manera de pan, y mi bebida mezclo con lágrimas,
10a causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.
11Mis días son como la sombra que se va; y me he secado como la hierba.
12Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.
13Te levantarás y tendrás misericordia de Sión; porque es tiempo de tener misericordia de ella, pues el plazo ha llegado.
14Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.
15Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria;
16por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto;
17Habrá considerado la oración de los desamparados, y no habrá desechado el ruego de ellos.
18Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que será creado, alabará a JAH.
19Porque miró de lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra,
20para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte;
21Para que anuncien en Sión el nombre de Jehová, y su alabanza en Jerusalén,
22cuando los pueblos se congreguen en uno, y los reinos, para servir a Jehová.
23Él debilitó mi fuerza en el camino; acortó mis días.
24Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generación de generaciones son tus años.
25Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.
26Ellos perecerán, y tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:
27Mas tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.
28Los hijos de tus siervos permanecerán, y su simiente será establecida delante de ti.
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