Hechos

Capítulos 10

Dios Habla Hoy con Deuterocanónicos Versión Española

III. ANUNCIO DEL EVANGELIO A PUEBLOS PAGANOS (10–28)

1. Preliminares de la misión (10–12)

Pedro y Cornelio

1Había en la ciudad de Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión del batallón que llamaban el Italiano. 2Era un hombre piadoso que, junto con toda su familia, adoraba a Dios. Daba mucho dinero para ayudar a los judíos y oraba sin cesar a Dios. 3Un día, a eso de las tres de la tarde, tuvo una visión:Vio claramente a un ángel de Dios que entraba donde él estaba y le decía: “¡Cornelio!” 4Cornelio se quedó mirando al ángel, y lleno de miedo le preguntó: “¿Qué se te ofrece, señor?” El ángel le dijo: “Dios tiene presentes tus oraciones y todo cuanto has hecho en favor de los necesitados. 5Envía a alguien a la ciudad de Jope para que haga venir a un tal Simón, también conocido como Pedro. 6Se aloja en casa de otro Simón, un curtidor que vive junto al mar.” 7Cuando se fue el ángel que le había hablado, Cornelio llamó a dos de sus sirvientes y a un soldado muy religioso y de su confianza, 8y después de contárselo todo los envió a Jope. 9Al día siguiente, a eso del mediodía, yendo ellos de camino cerca de Jope, Pedro subió a orar a la azotea de la casa. 10Tenía hambre y deseaba comer alguna cosa, pero mientras le preparaban la comida tuvo una visión. 11Vio que el cielo se abría y que bajaba a la tierra algo semejante a un gran lienzo atado por sus cuatro puntas. 12En el lienzo había toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves. 13Oyó una voz que le decía: “Levántate, Pedro; mata y come.” 14Pedro contestó: “No, Señor, yo nunca he comido nada profano ni impuro.” 15La voz le habló de nuevo diciendo: “Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.” 16Esto sucedió tres veces, y luego el lienzo volvió a subir al cielo. 17Pedro estaba preocupado pensando qué querría decir aquella visión, cuando llegaron a la puerta los hombres de Cornelio que andaban preguntando por la casa de Simón. 18Al llegar preguntaron en voz alta si allí se alojaba un tal Simón, a quien también llamaban Pedro. 19Y mientras Pedro seguía pensando en la visión, el Espíritu Santo le dijo: “Mira, tres hombres te buscan. 20Levántate, baja y ve con ellos sin dudarlo, porque yo los he enviado.” 21Pedro bajó y dijo a los hombres:–Yo soy el que buscáis. ¿A qué habéis venido? 22Ellos contestaron:–Venimos de parte del centurión Cornelio, un hombre justo, que adora a Dios y a quien todos los judíos aprecian de veras. Un ángel de Dios le ha dicho que te haga llamar, para que vayas a su casa y escuche lo que tengas que decirle. 23Entonces Pedro los hizo entrar, y se quedaron con él aquella noche. Al día siguiente se fue con ellos, acompañado también por algunos de los hermanos que vivían en Jope. 24Un día después llegaron a Cesarea, donde Cornelio los estaba esperando junto con un grupo de parientes y amigos íntimos a quienes había invitado. 25Cuando Pedro llegó a la casa, Cornelio salió a recibirle, y cayendo de rodillas delante de él le adoraba. 26Pero Pedro le levantó y le dijo:–Ponte en pie, pues yo soy un hombre lo mismo que tú. 27Mientras hablaba con él, entró y se encontró con muchas personas allí reunidas. 28Pedro les dijo:–Sabéis que a un judío le prohíbe su religión tener trato con extranjeros o entrar en sus casas. Pero Dios me ha enseñado que no debo llamar profano o impuro a nadie; 29por lo cual, en cuanto me avisaron, vine sin poner ninguna objeción. Quisiera saber, pues, por qué me habéis llamado. 30Cornelio contestó:–Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo aquí en mi casa ayunando y haciendo la oración de las tres de la tarde, cuando se me apareció un hombre vestido con ropas brillantes. 31Me dijo: ‘Cornelio, Dios ha oído tu oración y se ha acordado de todo lo que has hecho en favor de los necesitados. 32Envía a alguien a la ciudad de Jope para que haga venir a Simón, que también se llama Pedro. Está alojado en casa de otro Simón, un curtidor que vive junto al mar.’ 33Así que envié inmediatamente a buscarte, y tú has tenido la bondad de venir. Ahora estamos todos aquí, delante de Dios, para escuchar todo lo que el Señor te ha mandado decirnos.

Discurso de Pedro en casa de Cornelio

34Pedro comenzó entonces a hablar, diciendo:–Ahora entiendo que verdaderamente Dios no hace diferencia entre una persona y otra. 35Dios acepta a quienes le reverencian y hacen lo bueno, cualquiera que sea su nación. 36Dios habló a los descendientes de Israel anunciando el mensaje de paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37Vosotros ya sabéis lo que pasó en toda la tierra de los judíos, comenzando por Galilea, después que Juan proclamara que es necesario bautizarse. 38Sabéis que Dios llenó de poder y del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y que este anduvo haciendo el bien y sanando a cuantos sufrían bajo el poder del diablo, porque Dios estaba con él. 39Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de Judea y en Jerusalén. Después lo mataron colgándolo de una cruz; 40pero Dios le resucitó al tercer día e hizo que se nos apareciera a nosotros. 41No se apareció a todo el pueblo, sino a nosotros, a quienes Dios había escogido de antemano como testigos. Nosotros comimos y bebimos con él después que resucitó, 42y él nos envió a anunciar al pueblo que Dios le ha puesto como Juez de vivos y muertos. 43Todos los profetas habían hablado ya de Jesús y habían dicho que quienes creen en él reciben por su mediación el perdón de los pecados.

Los no judíos reciben el Espíritu Santo

44Aún estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo vino sobre todos los que escuchaban el mensaje. 45Y los creyentes procedentes del judaísmo que habían llegado con Pedro, se quedaron admirados de que el Espíritu Santo fuera dado también a los que no eran judíos, 46pues les oían hablar en otras lenguas y alabar a Dios. 47Entonces Pedro dijo:–¿Acaso puede impedirse que sean bautizadas estas personas que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros? 48Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Después rogaron a Pedro que se quedase con ellos algunos días.