Hebreos

Capítulos 5

Reina-Valera 1909

1Porque todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres, es constituido a favor de los hombres en lo que atañe a Dios, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, 2y puede compadecerse de los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de flaquezas; 3y por causa de ellas debe, tanto por sí mismo como también por el pueblo, presentar ofrendas por los pecados. 4Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. 5Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:Tú eres mi Hijo,yo te he engendrado hoy. 6Como también dice en otro lugar:Tú eres sacerdote para siempre,según el orden de Melquisedec. 7El que en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10nombrado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. 11De quien tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho lentos para oír. 12Porque debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros principios de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13Porque todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de la justicia, porque es niño; 14pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.