Juan
Capítulos 10
Reina-Valera 1909
1De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.
2Pero el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
3A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre y las saca.
4Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
6Esta parábola les dijo Jesús, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
8Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y salteadores, mas no los oyeron las ovejas.
9Yo soy la puerta; el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos.
10El ladrón no viene sino para hurtar, y matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.
12Pero el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y deja las ovejas y huye; y el lobo arrebata y dispersa las ovejas.
13Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
14Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
15así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
16También tengo otras ovejas que no son de este redil; a aquéllas también debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.
17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
18Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
19Y volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.
20Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?
21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?
22Y se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Y era invierno,
23y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
24Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
25Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí.
26Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;
28y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
29Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
30Yo y el Padre uno somos.
31Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
32Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis?
33Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te crees Dios.
34Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses?
35Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),
36¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios?
37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
38Pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
39Y procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.
40Y se fue otra vez al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí.
41Y muchos venían a él y decían: Juan, a la verdad, ningún milagro hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.
42Y muchos creyeron en él allí.