Juan

Capítulos 6

Reina-Valera 1909

1Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, que es el de Tiberias. 2Y le seguía una gran multitud, porque veían los milagros que hacía en los enfermos. 3Y subió Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos. 4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Y cuando alzó Jesús los ojos y vio que había venido a él una gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6Pero esto decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno de ellos tome un poco. 8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tantos? 10Entonces Jesús dijo: Haced recostar a la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como en número de cinco mil hombres. 11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; asimismo repartió de los pescados, cuanto querían. 12Y cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged lo que ha quedado, para que no se pierda nada. 13Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada que les sobraron a los que habían comido. 14Entonces aquellos hombres, cuando vieron el milagro que Jesús había hecho, dijeron: Verdaderamente éste es el profeta que había de venir al mundo. 15Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte, él solo. 16Y al anochecer, descendieron sus discípulos al mar; 17y entrando en una barca, iban cruzando al otro lado del mar hacia Capernaúm. Y estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18Y se encrespaba el mar con un gran viento que soplaba. 19Y cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y que se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. 20Mas él les dijo: ¡Yo soy; no temáis! 21Ellos entonces le recibieron con gusto en la barca, y en seguida la barca llegó a la tierra a donde iban. 22Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos. 23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús. 25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Les respondió Jesús y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto los milagros, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste selló Dios el Padre. 28Entonces le dijeron: ¿Qué haremos para poner en práctica las obras de Dios? 29Respondió Jesús y les dijo: Ésta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado. 30Entonces le dijeron: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Y le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás. 36Pero ya os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis. 37Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echaré fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y ésta es la voluntad del Padre que me envió: Que todo lo que me ha dado no lo pierda, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, ahora dice: Del cielo he descendido? 43Y Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45Escrito está en los profetas: Y todos serán enseñados por Dios. Así que, todo aquel que ha oído al Padre y ha aprendido de él viene a mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que viene de Dios, éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y están muertos. 50Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma no muera. 51Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 57Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo, el que me come también vivirá por mí. 58Éste es el pan que descendió del cielo, no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron. El que come de este pan vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm. 60Entonces, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 61Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? 62¿Pues qué, si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le es concedido por el Padre. 66Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. 67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿También vosotros queréis iros? 68Y le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 70Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? 71Y hablaba de Judas Iscariote hijo de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.