Lucas
Capítulos 12
Reina-Valera 1909
1En esto, se había reunido una multitud innumerable, tantos que unos a otros se atropellaban. Jesús comenzó a decir primeramente a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía,
2porque nada hay encubierto que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.
3Por tanto, las cosas que habéis dicho en tinieblas, a la luz serán oídas; y lo que habéis hablado al oído en las cámaras será pregonado desde las azoteas.
4Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, pero después nada más pueden hacer.
5Mas os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber quitado la vida, tiene poder para echar al infierno; sí, os digo: A éste temed.
6¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? Pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
7Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; de más valor sois vosotros que muchos pajarillos.
8Y os digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
9pero el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios.
10Y a todo aquel que diga palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
11Y cuando os lleven a las sinagogas, y a los magistrados y a las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir,
12porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debéis decir.
13Y le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que divida conmigo la herencia.
14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o partidor sobre vosotros?
15Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16Y les refirió una parábola, diciendo: Las tierras de un hombre rico habían producido mucho;
17y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?
18Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;
19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.
20Pero le dijo Dios: Necio, esta noche van a pedir tu alma; y lo que has guardado, ¿de quién será?
21Así es el que hace para sí tesoro y no es rico para con Dios.
22Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.
23La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido.
24Considerad los cuervos, que no siembran ni siegan; que no tienen almacén ni alfolí, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!
25¿Y quién de vosotros podrá, con afanarse, añadir a su estatura un codo?
26Pues si no podéis hacer ni aun lo que es menos, ¿por qué os preocupáis por lo demás?
27Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
28Y si así viste Dios la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
29Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
30Porque todas estas cosas busca la gente del mundo, pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
31Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32No temáis, pequeño rebaño, porque al Padre le ha complacido daros el reino.
33Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que nunca se agote, donde ladrón no llega ni polilla corrompe.
34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
35Estén ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas;
36y sed vosotros semejantes a hombres que esperan a que su señor vuelva de las bodas, para que, cuando venga y llame, en seguida le abran.
37Bienaventurados aquellos siervos a quienes el Señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá y hará que se sienten a la mesa, y les servirá.
38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.
39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora habría de venir el ladrón, velaría ciertamente y no dejaría saquear su casa.
40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis vendrá el Hijo del Hombre.
41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?
42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente a quien el señor pondrá sobre su casa para que a tiempo les dé su ración?
43Bienaventurado aquel siervo a quien, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
44En verdad os digo que él le pondrá sobre todos sus bienes.
45Pero si aquel siervo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir, y comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y a embriagarse,
46vendrá el señor de aquel siervo el día en que no espera y a la hora en que no sabe, y le castigará y pondrá su parte con los incrédulos.
47Porque aquel siervo que sabía la voluntad de su señor y no se preparó ni hizo conforme a su voluntad recibirá muchos azotes.
48Pero aquel que no la sabía, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco, porque a todo aquel a quien se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que se le haya encomendado mucho, más se le pedirá.
49He venido a traer fuego a la tierra; ¡y qué quiero, si ya está encendido!
50Pero de un bautismo tengo que ser bautizado; y, ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!
51¿Pensáis que he venido a la tierra para dar paz? Os digo: no, sino disensión.
52Porque de aquí en adelante, cinco en una casa estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres.
53El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
54Y decía también a la gente: Cuando veis una nube que sale del poniente, en seguida decís: Lluvia viene; y así sucede.
55Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace.
56¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra, ¿y cómo no distinguís este tiempo?
57¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58Pues cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura arreglarte con él por el camino, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
59Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado la última blanca.