Lucas
Capítulos 14
Reina-Valera 1909
1Y aconteció un día de reposo que, habiendo entrado en casa de un principal de los fariseos a comer pan, ellos le acechaban.
2Y he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él.
3Y respondiendo Jesús, habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?
4Pero ellos callaron. Entonces él, tomándole, le sanó y le despidió.
5Y respondiendo a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo saca inmediatamente aunque sea en día de reposo?
6Y no le podían replicar a estas cosas.
7Y observando cómo los convidados escogían los primeros asientos a la mesa, relató una parábola, diciéndoles:
8Cuando seas convidado por alguno a una boda, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honorable que tú esté convidado por él,
9y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces tengas, con vergüenza, que ocupar el último lugar.
10Mas cuando seas convidado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.
11Porque cualquiera que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado.
12Y dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te vuelvan a convidar, y seas recompensado.
13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos;
14y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden retribuir; pero te será recompensado en la resurrección de los justos.
15Y oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: ¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!
16Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos.
17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya está todo preparado.
18Pero todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda y necesito ir a verla; te ruego que me disculpes.
19Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me disculpes.
20Y el otro dijo: Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir.
21Y volvió el siervo e hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y por las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, y a los cojos y a los ciegos.
22Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste y aún hay lugar.
23Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa.
24Pues os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena.
25Y mucha gente iba con él; y volviéndose, él les dijo:
26Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí no puede ser mi discípulo.
28Porque, ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, para ver si tiene lo que necesita para acabarla?
29No sea que después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,
30diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar.
31¿O qué rey, habiendo de ir a hacer la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede salir con diez mil al encuentro del que viene contra él con veinte mil?
32De otra manera, cuando aún el otro está lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
33Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas las cosas que posee no puede ser mi discípulo.
34Buena es la sal; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se sazonará?
35Ni para la tierra ni para el muladar es buena; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.