Lucas

Capítulos 21

Reina-Valera 1909

1Y mirando, Jesús vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro. 2Y vio también a una viuda pobre que echaba allí dos blancas. 3Entonces dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre echó más que todos. 4Porque todos éstos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ella, de su pobreza, echó todo el sustento que tenía. 5Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y dádivas, dijo: 6En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. 7Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén a punto de suceder? 8Él entonces dijo: Mirad que no seáis engañados, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y: el tiempo está cerca; por tanto, no vayáis en pos de ellos. 9Pero cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; mas el fin no será inmediatamente. 10Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino; 11y habrá grandes terremotos y, en varios lugares, hambres y pestilencias; y habrá cosas terribles y grandes señales del cielo. 12Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. 13Y esto os será ocasión para dar testimonio. 14Proponeos, pues, en vuestros corazones no pensar de antemano cómo habéis de responder; 15porque yo os daré palabras y sabiduría, a las cuales no podrán resistir ni contradecir ninguno de los que se os opongan. 16Y seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros. 17Y seréis aborrecidos por todos por causa de mi nombre. 18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 19Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. 20Y cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22Porque éstos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23Pero, ¡ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!, porque habrá gran calamidad en la tierra e ira sobre este pueblo. 24Y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles. 25Entonces habrá señales en el sol, y en la luna y en las estrellas; y en la tierra habrá angustia de las naciones y confusión ante el bramido del mar y de las olas; 26desfalleciendo los hombres a causa del temor y de la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque los poderes de los cielos serán sacudidos. 27Y entonces verán al Hijo del Hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria. 28Y cuando estas cosas comiencen a suceder, mirad y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca. 29Y también les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. 30Cuando veis que ya brotan, vosotros mismos entendéis que el verano ya está cerca. 31Así también vosotros, cuando veáis suceder estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 32De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto haya acontecido. 33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 34Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no se carguen de glotonería, y de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día; 35porque como una trampa vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36Velad, pues, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que han de venir, y de estar de pie delante del Hijo del Hombre. 37Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se quedaba en el monte que se llama de los Olivos. 38Y todo el pueblo venía a él por la mañana para oírle en el templo.