Job
Capítulos 41
Reina-Valera 1909
1¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda sujetarás su lengua?
2¿Pondrás soga de juncos en sus narices, y horadarás con gancho su quijada?
3¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él palabras lisonjeras?
4¿Hará pacto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?
5¿Jugarás tú con él como con un pájaro o lo atarás para tus niñas?
6¿Harán de él banquete los compañeros? ¿Lo repartirán entre los mercaderes?
7¿Llenarás tú de arpones su piel, o con lanza de pescadores su cabeza?
8Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla y nunca más volverás a hacerlo.
9He aquí que la esperanza acerca de él es en vano, porque aun con sólo verlo se desmayarán.
10Nadie hay tan osado que lo despierte. ¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?
11¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.
12No guardaré silencio acerca de sus miembros, ni de sus fuerzas ni de la gracia de su disposición.
13¿Quién lo despojará de lo exterior de su vestidura? ¿Quién penetrará su doble coraza?
14¿Quién abrirá las puertas de sus fauces? Las hileras de sus dientes espantan.
15La gloria de su vestido son hileras de escudos fuertes, sellados estrechamente.
16El uno se junta con el otro, de modo que el viento no entra entre ellos.
17Pegado está el uno con el otro; están trabados entre sí y no se pueden separar.
18Sus estornudos dan destellos de luz, y sus ojos son como los párpados del alba.
19De su boca salen llamaradas; chispas de fuego saltan.
20De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve.
21Su aliento enciende los carbones, y de su boca salen llamas.
22En su cerviz está la fuerza, cunde el desaliento delante de él.
23Las partes más flojas de su carne están apretadas; están en él firmes y no se mueven.
24Su corazón es sólido como una piedra, fuerte como la muela inferior de un molino.
25Cuando se levanta, tienen temor los fuertes, y a causa de su quebrantamiento buscan purificarse.
26La espada que lo alcance, no prevalecerá, ni lanza, ni dardo ni jabalina.
27Al hierro estima como paja, y al bronce como madera podrida.
28La saeta no lo hace huir; las piedras de la honda son como paja para él.
29Estima toda arma como hojarasca, y del blandir de la jabalina se burla.
30Por debajo tiene escamas puntiagudas; deja huellas como un trillo en el barro.
31Hace hervir como una olla las profundidades, y convierte el mar en una olla de ungüento.
32En pos de sí hace resplandecer una estela, que hace que el abismo parezca canoso.
33No hay nada sobre la tierra semejante a él; está hecho exento de temor.
34Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los hijos del orgullo.