Salmos
Capítulos 32
Reina-Valera 1909
1Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado.
2Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño.
3Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.
4Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
5Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
6Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
7Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Selah
8Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
9No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que tienen que ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.
10Muchos dolores habrá para el impío; mas al que confía en Jehová, lo rodeará la misericordia.
11Alegraos en Jehová y regocijaos, justos; y dad voces de júbilo, todos vosotros los rectos de corazón.
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