Salmos
Capítulos 39
Reina-Valera 1909
1Yo dije: Guardaré mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.
2Enmudecí con silencio; me callé aun acerca de lo bueno, y se agravó mi dolor.
3Se enardeció mi corazón dentro de mí; ardía fuego en mis reflexiones, y así hablé con mi lengua:
4Hazme saber, oh Jehová, mi fin y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
5He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah
6Ciertamente, como una sombra anda el hombre; ciertamente en vano se afana; acumula, y no sabe quién recogerá.
7Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.
8Líbrame de todas mis transgresiones; no me pongas como escarnio del insensato.
9Enmudecí; no abrí mi boca, porque tú lo hiciste.
10Quita de sobre mí tu azote; estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
11Con castigos por el pecado corriges al hombre, y deshaces como polilla lo más estimado de él; ciertamente, todo hombre es vanidad. Selah
12Oye mi oración, oh Jehová, y presta oídos a mi clamor. No calles ante mis lágrimas, porque extranjero soy para contigo, y peregrino, como todos mis padres.
13Aparta de mí tu mirada, y tomaré fuerzas antes de que me vaya y deje de ser.
Capítulos
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150