Salmos
Capítulos 69
Reina-Valera 1909
1¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta mi alma!
2Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he llegado hasta lo profundo de las aguas, y la corriente me ha anegado.
3Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.
4Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; se han hecho poderosos mis enemigos, los que quieren destruirme sin tener por qué. He venido, pues, a devolver lo que no he robado.
5Oh Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos.
6No sean avergonzados por mi causa los que en ti esperan, oh Señor Jehová de los ejércitos; no sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel.
7Porque por amor de ti he sufrido afrenta; vergüenza ha cubierto mi rostro.
8He llegado a ser extraño para mis hermanos y extranjero para los hijos de mi madre.
9Porque me consumió el celo de tu casa, y los vituperios de los que te vituperaban cayeron sobre mí.
10Y lloré afligiendo con ayuno mi alma, y esto me ha sido por afrenta.
11Me puse además cilicio por vestido, y vine a serles por proverbio.
12Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y se burlaban de mí en sus canciones los bebedores de bebidas fermentadas.
13Pero yo elevaba mi oración a ti, oh Jehová, en el tiempo propicio; oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, por la verdad de tu salvación, respóndeme.
14Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; sea yo libertado de los que me aborrecen y de lo profundo de las aguas.
15No me anegue la corriente de las aguas, ni me trague el abismo, ni la fosa cierre sobre mí su boca.
16Respóndeme, oh Jehová, porque benigna es tu compasión; mírame conforme a la abundancia de tus tiernas misericordias.
17Y no escondas tu rostro de tu siervo, porque estoy angustiado; apresúrate, respóndeme.
18Acércate a mi alma y redímela; líbrame a causa de mis enemigos.
19Tú conoces mi afrenta, y mi confusión y mi oprobio; delante de ti están todos mis enemigos.
20La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé a quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; busqué consoladores y ninguno hallé.
21Me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre.
22Sea su mesa delante de ellos una trampa, y lo que es para bien, tropiezo.
23Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y haz temblar continuamente sus lomos.
24Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo los alcance.
25Sea su habitación desolada; en sus tiendas no haya morador,
26porque persiguieron al que tú heriste, y cuentan del dolor de los que tú llagaste.
27Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia.
28Sean borrados del libro de los vivientes, y no sean inscritos con los justos.
29Y yo afligido y dolorido, tu salvación, oh Dios, me ponga en alto.
30Alabaré yo el nombre de Dios con cántico; lo ensalzaré con gratitud.
31Y agradará a Jehová más que sacrificio de novillo o becerro que tiene cuernos y pezuñas.
32Lo verán los humildes y se gozarán; buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
33Porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.
34Alábenle los cielos y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos.
35Porque Dios salvará a Sión y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí y la poseerán.
36Y la descendencia de sus siervos la heredará, y los que aman su nombre habitarán en ella.
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