Salmos

Capítulos 72

Reina-Valera 1909

1Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. 2Él juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio. 3Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia. 4Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso y aplastará al opresor. 5Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación. 6Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada, como la copiosa lluvia que moja la tierra. 7Florecerá en sus días la justicia, y habrá abundancia de paz, hasta que no haya luna. 8Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. 9Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. 10Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán obsequios. 11Y se postrarán ante él todos los reyes; todas las naciones le servirán. 12Porque él librará al menesteroso cuando clame, también al afligido y al que no tenga quien le socorra. 13Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los menesterosos. 14De fraude y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. 15Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá, y se orará por él continuamente; todo el día se le bendecirá. 16Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. 17Será su nombre para siempre; se perpetuará su nombre mientras dure el sol, y benditas serán en él todas las naciones; le llamarán bienaventurado. 18Bendito sea Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas. 19Y bendito sea su glorioso nombre para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén. 20Aquí terminan las oraciones de David, el hijo de Isaí.