Salmos

Capítulos 79

Reina-Valera 1909

1Oh Dios, han venido las naciones a tu heredad; el templo de tu santidad han profanado; han reducido Jerusalén a escombros. 2Han dado los cuerpos de tus siervos como comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las fieras de la tierra. 3Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, y no hubo quien los enterrase. 4Hemos sido el oprobio de nuestros vecinos, el escarnio y la burla de los que están en nuestros alrededores. 5¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? 6Derrama tu ira sobre las naciones que no te han conocido, y sobre los reinos que no han invocado tu nombre. 7Porque han devorado a Jacob, y su morada han asolado. 8No recuerdes contra nosotros las iniquidades anteriores; vengan pronto tus tiernas misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos. 9Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por causa de la gloria de tu nombre; y líbranos y expía nuestros pecados por amor de tu nombre. 10Porque dirán los gentiles: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria entre las naciones, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que ha sido derramada. 11Llegue delante de ti el gemido de los presos; conforme a la grandeza de tu brazo, preserva a los sentenciados a muerte. 12Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos de la afrenta con la que te han afrentado, oh Señor. 13Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.